Decía María Zambrano que “se es más auténtico cuanto más se asemeja uno a lo que ha soñado de sí mismo”. Tal vez esa sea la mejor brújula para entender cómo lidera la nueva generación de CEOs: no desde la inercia de un cargo, sino desde la coherencia entre lo que imaginó y lo que hoy encarna. En el encuentro Más Mujeres CEO, Anna Canela, CEO de Imagin, y Paloma Martín, CEO de Tribbu, demostraron que el liderazgo del futuro ya no se mide en jerarquías, sino en valores compartidos.
De los sueños a la acción
Ninguna de las dos soñó con ser CEO. Anna, ingeniera de caminos, siempre buscó “resolver problemas difíciles”; Paloma, emprendedora social, quería “corregir algo que dolía”. Y ambas coincidieron en que el liderazgo auténtico nace más de una causa que de una ambición. “El CEO no está arriba, es la raíz —afirmó Paloma—. Nuestro trabajo es marcar la visión y dejar espacio para que el equipo florezca. Si alguien se equivoca, nos equivocamos con esa persona”. Esa frase resume el espíritu de una generación que no lidera desde el pedestal, sino desde el suelo. Desde la idea de que liderar es servir y de que la confianza no se delega, se demuestra.
En los equipos jóvenes —dice Paloma—, la jerarquía expulsa al talento. Por eso su organización funciona sobre un principio radical: la libertad como herramienta de confianza. “Si alguien falla, fallamos todos”, repite a su equipo. Una ética que elimina el miedo y convierte el error en aprendizaje colectivo.
Anna lo llama “inspirar desde la influencia”, una forma de dirigir que parte de la escucha activa, especialmente cuando el cliente y los empleados pertenecen a la misma generación. En Imagin, el 100% de las decisiones se piensan con la mente —y las emociones— de la Generación Z: “Nadie mejor que ellos sabe lo que les inquieta o les ilusiona. El liderazgo consiste en crear la visión y hacer que la sientan suya”.
Felicidad y propósito: las nuevas métricas
En un mundo obsesionado con la productividad, ambas apuestan por algo más difícil de medir: la felicidad. “El bienestar no debería tratarse como un parche frente al estrés —explica Paloma—, sino como un estado sostenible. Nuestro trabajo como líderes es colocar a cada persona en el lugar donde pueda ser feliz y desplegar su talento”.

Anna coincide. Para ella, el propósito corporativo solo cobra sentido cuando conecta con el propósito personal de quienes lo construyen. “Nosotros ayudamos a los jóvenes a tomar las riendas de su futuro financiero y vital. Si el equipo siente que su trabajo contribuye a ese propósito, el equilibrio llega solo”.
Liderar sin ego
La conversación se detuvo en un punto crucial: el ego. Esa palabra que aún contamina demasiados despachos. “Un líder está al servicio del equipo, no al revés”, defendió Anna. “El liderazgo exige desprenderse del ego, de los permisos, de las normas rígidas, y sustituirlos por algo más esencial: la coherencia y los valores”.
Paloma completó la idea: “No trabajaría para alguien que me dice lo que tengo que hacer. Trabajaría para quien me inspira a pensar y me escucha antes de hablar”. Es la antítesis del viejo liderazgo autoritario: menos control, más conciencia.
Sembrar un legado
Ambas reconocen que la palabra legado les queda grande —“suena demasiado ambiciosa”, bromean—, pero su forma de entender la empresa ya está dejando huella. “Con sembrar la semilla de un liderazgo fuerte en valores y transparente en la comunicación, sería suficiente”, dice Anna. Porque en un entorno donde la tecnología avanza más rápido que la ética, los valores serán el verdadero diferencial competitivo.

Su mensaje, aunque joven, es profundamente maduro: la empresa no debe ser una torre de mando, sino un espacio donde las personas puedan llegar donde solas no llegarían.
Ambas representan una nueva narrativa en la alta dirección: menos jerarquía, más propósito; menos miedo, más libertad; menos discurso, más coherencia. En palabras de Zambrano, “ser lo que se ha soñado de sí mismo” implica tener el valor de hacerlo realidad, incluso cuando eso significa desafiar los modelos heredados.
Quizá el liderazgo del siglo XXI no necesite más manuales de gestión, sino más líderes como Anna y Paloma: los que no mandan, inspiran, escuchan y siembran el potencial del talento del futuro.




