A finales del siglo XIX, el físico y matemático británico William Thomson Kelvin afirmaba que “Lo que no se define no se puede medir. Lo que no se mide no se puede mejorar. Lo que no se mejora, se degrada siempre”. Esta máxima está más vigente que nunca en el siglo actual, en el que la gestión empresarial ha sufrido una transformación impulsada por dos claves: el desarrollo de la tecnología y el proceso de digitalización, y la adaptación obligada a la coyuntura económica. Por Ángel Luis Gilsanz, director de Personas y Organización de Watch&Act

Tener capacidad crítica y alcanzar el equilibrio entre lo que dicen los datos y lo que dicta el instinto es lo que diferencia a un buen líder de los demás. Sobre todo en un tiempo en el que desde el CEO de una compañía hasta el manager deben hacer frente a decisiones difíciles a diario. Y en muchas ocasiones deben reaccionar a la velocidad de la luz.