Secuestros a directivos ¿Una protesta rentable?

Francia ha vuelto a ser noticia por el secuestro de directivos. Una práctica impensable en otros países y que, como en los 80’, está en auge durante los últimos años. Estos días saltaba a las portadas con el rapto y posterior liberación de dos altos directivos de la fábrica de neumáticos Goodyear Amiens-Nord. Durante 24 horas, y en protesta por los planes de cierre, los trabajadores mantuvieron el cautiverio del director de producción y del jefe de recursos humanos.

Para Goodyear esta planta es un foco de problemas laborales, que trata de cerrarla o venderla desde hace cinco años. De hecho, en Noviembre de 2013 Titan International, empresa estadounidense, se mostró dispuesta a salvar la planta pero con una condición: despedir a todos los trabajadores. Después rebajó sus pretensiones y garantizó la continuidad de unos 300 trabajadores, en porcentaje un quinto de los 1.200 trabajadores de la fábrica. Eso sí, trabajadores y dirección debían ponerse de acuerdo en las condiciones de cierre de la planta. Por el momento, la situación sigue estancada, habrá que ver qué pasos se dan después de este secuestro. Los sindicatos han anunciado que esta acción era solo el pistoletazo de salida de las protestas: la próxima que se plantean es la ocupación de la ciudad de Amiens.

Este no es el único caso de secuestro realizado en Francia. Desde 2009 se han registrado 13 retenciones de directivos por parte de los trabajadores, cuando las compañías están a punto de cerrar o de llevar a cabo despidos masivos. Por ejemplo, en la empresa Caterpillar, cuatro ejecutivos fueron retenidos durante 24 horas en 2009. El cautiverio dio resultados, los trabajadores vieron como el paquete de indemnizaciones incrementaba en 1,5 millones. Ese mismo año, el fabricante de electrodomésticos Ariston acordó con los sindicatos indemnizaciones de hasta 90.000€ más de lo previsto tras bloquear la salida del administrador del edificio. Esos resultados contrastan con el castigo que por ley reciben estos secuestros: cinco años de prisión y una multa de 75.000 euros, siempre y cuando el directivo sea liberado en menos de una semana.

En 2009 Nicolas Sarkozy, por aquel entonces al mando del gobierno francés, denunció este método de presión en las negociaciones laborales. Sin embargo, buena parte de la sociedad, concretamente un 45% de los franceses, aprobaba este método de lucha.