Pablo Iglesias: el liderazgo ideológico

Fotografía: La Verdad

Especial Elecciones 10N. En esta tercera entrega, ponemos el foco en el candidato más mediático de los últimos años, el líder de la formación Unidas Podemos. El profesor titular de la Universidad Europea de Madrid, Moisés Ruiz, analiza la figura de Pablo Iglesias desde el punto de vista del liderazgo.

Todo cambió el día que sus asesores de imagen le convencieron para que diseñara en su rostro una amable sonrisa. Le costó verse en el espejo con ese trazo, al principio forzaba como si cada vez que viera una cámara tuviera la obligación de estirar la mandíbula. Al final ya se hizo con el gesto y lo estribó a su grupa. Entonces ya parecía más amable, así pasaron las semanas y a fuerza de sonreír iba mudando votos del partido rival de la izquierda.

No solo fue la sonrisa, también la fuerte carga ideológica con que embadurnó su discurso. Todo ello aderezado por el desconcierto identitario, en el que la crisis financiera, sumió a la socialdemocracia europea y, en particular, a la española. «Campo abierto, todo para mí»– llegó a pensar- A lomos de ideología voy surcando, pureza de palabra hasta la victoria final: Podemos convertido en líder de la izquierda«.

«¿Qué tipo de líder es Pablo Iglesias?»

Por eso no creyó conveniente apostar por el tripartito en 2016, y aquí nace la primera contradicción. Entonces podría parecer sorprendente pero no es así. Los liderazgos basados en el fuerte componente populista-ideológico acaban zozobrando por el sumidero de las contradicciones. Demasiada perfección en el lenguaje, demasiada palabra emocional en los tiempos actuales definidos por el acrónimo norteamericano VUCA (volátil, incierto, complejo y ambiguo).

No solo la contradicción, también lo sorprendente acompaña el capital político de Pablo Iglesias. Porque sorprendente es que un político de aspecto anacrónico, con evidente interés en aparecer vestido y peinado de manera poco actual, entre con tanta fuerza en la decisión favorable del votante. Ahora que lo antiguo resulta desdeñoso, ¿cómo una persona ataviado en una imagen que parece sacada de la transición ha causado tanto impacto? Es evidente que su inteligencia comunicadora ha ayudado bastante a que sucediera.

Domina la escena como nadie, sabe manejarse en el escenario y sabe llegar lingüísticamente a su gente.

Siguiendo con la contradicción ideológica, resulta poco gratificante e inentendible que un votante de Podemos acate la sentencia de poder tan inexorable como yo o mi esposa. No es que Irene Montero no merezca una vicepresidencia o ministerio, es que Aznar también transitó por esa vía de doble sentido.

Liderazgo ideológico en jaque

Como es un dominador de la palabra lo vistió de marca de alto standing con una frase que venía a decir: tenemos que estar en el poder porque no nos fiamos de nadie. Bien, pero dicha con la polémica del chalet y con el sorpaso de casta a gobernanza de fondo suena a alzamiento contra lo original.

Según José Mújica, referente de la izquierda latinoamericana, uno de los crónicos males de la izquierda es el de no saber mantenerse unida, el no tener bien claro cuál es el adversario principal. Si a esto le añadimos el personalismo excesivo y la falta de visión para entender el momento, es decir, lo que también José Mújica denominaba comerse sapos, el resultado de la operación matemática incluirá el signo de restar y no el de sumar.

«Las máquinas pueden personalizarte y darte lo que no sabes que quieres, pero no saben darte lo que aún no existe». La frase es de Steve Jobs. En lugar de máquinas pongamos estrategia política y damos con la esencia de un liderazgo que hace aguas.

En tiempos del utilitarismo

Si se trata de recuperar viejos dogmas, habrá que recurrir a la vieja ética del utilitarismo, nacida allá por el siglo XVIII que argumentaba que sólo es bueno aquello que es útil. Si fue bueno que apareciera en la democracia Podemos y lo es porque removió conciencias y refrescó aptitudes, si no le das utilidad se queda en intrascendencia porque decepcionas a las personas que se lo creen.

La idea es buena si se traslada a la acción; si se queda exclusivamente en argumento teórico, aunque parezca bella, muere por inútil.

La última contradicción del liderazgo ideológico de Pablo Iglesias pasa por el empleo de dos estilos. Es afiliativo de focos para fuera, crea lazos emocionales entre las personas y de focos para adentro es coercitivo; o haces lo que yo mando o te envío a ver el partido al quinto anfiteatro, eso si no te saco del estadio.

Pero llega la hora del café, un buen momento para invitar a Pablo Iglesias y es que conversar con un líder ideológico, estés en algo o en nada de acuerdo, ayuda a limpiar las impurezas del alma.

Moisés Ruiz | Profesor Senior Titular de la Universidad Europea.
Experto en comunicación y liderazgo

COMPARTIR
Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedIn