El testimonio tras el accidente de los Andes

Adrián Díaz-Caneja

@adriandcm

Cuentan que, en una ocasión, Nando Parrado estaba entre dos grandes líderes mundiales. Uno presidía un gran país, el otro una compañía enorme. A los tres les preguntaron por su idea sobre el liderazgo. Los mandamases empezaron a tejer respuestas largas y complejas. Parrado dijo no tener ni idea de qué hacia falta para liderar a muchas personas, que él se conformaba con liderarse a sí mismo.

Y, en un momento clave de su vida, Parrado supo estar al frente de sí mismo.Y eso fue determinante para los demás. Él era uno de los jóvenes de un equipo de rugby uruguayo que viajaba en el avión del accidente de Los Andes de 1972. Con él iban 44 personas. Sólo sobrevivieron  16 de ellos, tras un calvario de frío, sed y hambre en el que llegaron a comerse a sus propios compañeros. Si lograron salir de allí fue por los intentos de Parrado de encontrar una solución.

Parrado ha estado en España estos días como ponente de Ahora tú. El organizador de estas jornadas, Maxi Massucci, resume aquel acto heroico: “dentro del grupo, Nando fue capaz de interpretar la situación y tomar la decisión más libre: si me voy a morir lo voy a hacer intentando salir”.

Muchos años después Parrado da conferencias para relatar su experiencia, de la que habla con naturalidad: “si alguien borra lo malo del pasado, también borra lo bueno del presente”. Tampoco se cuestiona si su vida cambió entonces. Afirma que su otra vida “no existe, no sé cómo fue. Si yo cambié mi personalidad es lo que estaba escrito que tenía que hacer”.

Parrado no ha hecho del relato de su experiencia su eje vital. Él no se define como conferencista profesional, sino como un hombre de familia, empresario, deportista… Esa atención al presente queda subrayada en su ponencia, donde dice que el máximo rendimiento se da cuando tu pensamiento no va más allá del próximo minuto.

De aquellos días recuerda algunas cosas de forma muy nítida, como el sonido de los pasos sobre la nieve, mientras que otras se han ido difuminando con el paso de los años. En cualquier caso, advierte que no le resulta doloroso recordar estas escenas. Para eso se define como “el rey del pragmatismo”. En su mente, asegura, hay “carpetas amarillas, como en el Outlook, y saco la de la conferencia y la vuelvo a poner, porque mi vida no es sólo esto. Eso pasó hace 40 años. Mi vida es un montón de cosas más”.

De esas conferencias el público sale, según Parrado, con una sensación extraña “es una experiencia tan rara que la gente trata de imaginarse y ver como hubieran reaccionado allí. Pero yo no le puedo enseñar nada”. Parrado lo compara con el cine, uno “se mete dentro de la película y vive  la historia desde la butaca. Y en esto la gente tiene un vistazo de lo que es una situación límite sin vivirla”.

Respecto de las películas que se hicieron sobre la tragedia, como la reconocida “Viven”, Parrado las define como una experiencia enriquecedora. Él, por aquel entonces, fue asesor sobre vestimenta y otras cuestiones técnicas.

Otra sensación es la que tiene sobre el libro que él mismo redactó a propósito de su experiencia en Los Andes. El libro, dice, “lo escribí para mi padre, porque iba a cumplir 90 años y no sabía qué regalarle. Entonces decidí regalarle mi vida en un libro. Yo nunca pensé que nadie lo iba leer, por eso es un libro escrito de un hijo a un padre”. La intención era regalárselo y dejar que algunos amigos lo leyeran. Sin embargo uno de esos pocos lectores lo llevó a un editor que quiso publicarlo. Hoy día, está traducido a quince idiomas.

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