La vacuna contra la Enfermedad del CEO

Vacuna contra el mal del CEO. Vacuna contra el mal del CEO. El líder resonante

Uno de los principales problemas a los que se enfrenta cualquier líder empresarial es la denominada Enfermedad del CEO. Hablamos del desconocimiento que sufren muchos dirigentes respecto de la realidad cotidiana de su propia organización, como consecuencia de que sus colaboradores le ocultan información relevante – en la mayoría de los casos, porque la consideran desagradable- con el único objetivo de complacerle.

Para profundizar en ello, nada mejor que revisitar todo un clásico: ‘El líder resonante crea más’ (2002, Ediciones B). Su autor, Daniel Goleman, ya dedicó entonces un apartado muy destacado para explicar por qué se produce esta Enfermedad del CEO y cómo prevenirla.

En su opinión, la única vacuna contra este mal es que el CEO permanezca siempre abierto a la crítica de sus ideas e incluso de su liderazgo. Debe buscar de los demás el feedback positivo, pero también el negativo, y valorando “la importancia de un buen abogado del diablo”.

Razones, pero también emociones

Pero llevar a la práctica un cambio de mentalidad tan profundo (tanto para los trabajadores de una compañía como para el propio líder) no es una tarea sencilla. De hecho, sólo es posible en las empresas emocionalmente inteligentes, que son aquellas que cuentan con líderes resonantes. Estos dirigentes, según Goleman, tienen la capacidad de influir en las emociones de los demás y de encauzarlas en una dirección positiva (exactamente lo contrario de lo que hacen los líderes disonantes).

Para convertirse en un líder resonante y vacunarse frente a la temida Enfermedad del CEO lo primero que debe hacer el líder es una mirada hacia su interior.

Es lo que Goleman denomina “tomar conciencia de uno mismo” y hace referencia a la comprensión de las emociones propias. Una vez identificadas, el líder tendrá que ser capaz de controlarlas, ya que no puede permitirse el lujo de verse desbordado por ellas (especialmente si son negativas).

El arte de saber escuchar

Las dos siguientes recetas para cultivar la resonancia tienen una dimensión social:

  • La primera es la empatía, lo que incluye prestar atención a los sentimientos de los demás, pero también asumir decisiones que tengan en cuenta esos sentimientos y emociones.
  • Y la última hace referencia a la gestión de las relaciones, lo que implica dominar algunas de las herramientas más vinculadas al del liderazgo, como la persuasión, la gestión del conflicto y la colaboración.

Dominar esas cuatro esferas del liderazgo resonante requiere de un proceso de aprendizaje que debe ser flexible y adecuarse a las peculiaridades de cada líder. El resultado, según Goleman, será un dirigente que podrá crear equipos de trabajo emocionalmente inteligentes, es decir, grupos de profesionales que son conscientes de lo que ocurre en su entorno y, lo que es más importante, no se lo ocultan a sus responsables.

Hacia una empresa resonante

Desarrollar empresas emocionalmente inteligentes resulta bastante más complejo, ya que no basta con la labor del CEO, sino que se requiere de la intervención de muchos líderes resonantes. Pese a todo, el papel del CEO también resulta fundamental, pues debe ser capaz de crear una visión ideal de la compañía (qué es y, sobre todo, qué quiere ser) y movilizar a toda la plantilla en torno a esa idea.

Tal como concluye Goleman en la citada obra que escribió junto a Richard Boyatzis y Annie McKee, “las personas pueden cambiar, y lo harán si encuentran una buena razón para ello”. Por eso, evitar la Enfermedad del CEO exige líderes capaces de convencer a sus empleados de que decirle al jefe lo que no le gusta no sólo no se castiga, sino que tiene recompensa.

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