La compleja adaptación de los empleados analógicos en la empresa digital

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Cada poco tiempo surge en la sociedad un debate relacionado con la formación de los jóvenes que acceden al mercado laboral. Se discute si están poco preparados para asumir ciertas responsabilidades, o al contrario, si están demasiado preparados para funciones que terminan siendo exasperantes. Es un debate necesario, pero incompleto: ¿qué hay de sus mayores? ¿Están suficientemente formados para la era digital?

El mercado laboral actual exige un conocimiento del entorno digital inasumible para muchas personas nacidas antes de los ochenta. Cuando alguien crecido en un mundo analógico accede a una empresa digital, o ve como la suya propia adopta ese tipo de lenguaje, a menudo experimenta la frustración de no poder integrarse al ritmo de la actividad. ¿Cómo se maneja eso?

1) Detectar la causa

En primer lugar, hay que detectar la causa real de esa frustración, si es porque no ha usado nunca las herramientas digitales o porque no se ve capacitado para adaptarse a esas herramientas.

2) Cada persona necesita su tiempo

Después de detectar la causa, el empleado analógico ha de enfrentarse a ese sentimiento con una mezcla de ilusión, paciencia y confianza.

Todos podemos aprender y cada persona necesita su tiempo.

En ese sentido, ayuda el hecho de tener un plan concreto de aprendizaje diario para que el empleado se oriente mejor en el mapa digital. Ese plan será su asidero; algo a lo que agarrarse cuando las redes sociales, los sistemas SAP y los entresijos de WordPress resulten abrumadores.

Los problemas de la inadaptación 

En el escenario planteado, la inadaptación de un compañero genera algunas dificultades colaterales, como el hecho de que algunos empleados sin tiempo para ellos mismos tengan que estar encima de alguien que no termina de entender el trabajo.

Es difícil enseñar a un compañero en cuestiones digitales cuando hay carencia de tiempo y exceso de trabajo, pero en este punto hemos de ser honestos: si la persona que ha de enseñar no ve la manera de hacerlo, entonces la frustración del alumno se le contagiará.

Es muy importante ser claros, mirar a los ojos del compañero y decirle: «Querido compañero, no veo la manera de enseñarte.» Después hay que hacer el mismo ejercicio con el jefe: «Querido jefe, no veo la manera de enseñarle.»

El uso de la Inteligencia Emocional

Al emplear esa honestidad estamos haciendo uso de la inteligencia emocional, una herramienta nada desdeñable en el tema de la adaptación.

Devolviendo el foco a la persona que se quiere adaptar a un entorno digital, cabe decir que, pese a que la inteligencia emocional es una herramienta no analógica, la utilización consciente de ésta permite alcanzar el conocimiento suficiente para sacarle el mayor partido a las utilidades tecnológicas.

Es decir, la inteligencia emocional proporciona una mayor conciencia de uno mismo y, a partir de ella, cada ser humano puede conocerse más, tener consciencia de sus capacidades, de lo que sí es capaz y de lo que no es esencial para el individuo y para la empresa.

Descubrir la herramienta de la inteligencia emocional es un nuevo reto cada vez más importante para poder trabajar la adaptación a los cambios constantes. La tecnología va muy deprisa y la evolución emocional va mucho más lenta. Y ambas facetas son esenciales.

Carmen Sánchez | CEO de Intelema

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