El secreto de la juventud eterna

Pino  Bethencourt | 4 de mayo de 2015

aime Ordovas es uno de mis grandes amigos. Mitad Irlandés como yo, lo recuerdo bajando la empinada cuesta de la calle donde vivíamos hace más de veinte años, de manos sobre su patinete una y otra vez. Era un adolescente alto y rubio que desbordaba energía, a juzgar por sus interminables repeticiones de la arriesgada jugada. Hoy hombre de “mediana edad”, según lo describirían muchos, se ha comprado un patinete. Así es como Jaime ha descubierto que hacer lo que amas te mantiene joven, emprendedor y curioso para siempre.

Miles de cursos, charlas y libros proponen complicados métodos para mantener la motivación en el trabajo. Millones de euros se gastan en campañas publicitarias y planes de comunicación que alcen la moral e inspiren a la gente a ser más innovadora, a disfrutar más de su trabajo, a tomarse los problemas como retos. Pero al final del día lo más efectivo es sencillamente volcarte en tus pasiones. Ni más ni menos.

La dificultad, claro está, es que esta sociedad nuestra tiene muchos prejuicios sobre el disfrute espontáneo. Consideramos que hay que trabajar duro, sacrificarse mucho y luchar por salir adelante. Y tanto nos lo creemos que al final nunca encontramos tiempo ni dinero para regalarnos pequeños ratos de aquellas cosas que más nos animan, nos motivan y por fuerza, también nos rejuvenecen.

Jaime se hizo un video selfie con su nuevo patinete circulando por el centro de Madrid. En Youtube aparece como “skateboarding at 45” y recomiendo verlo para comprobar la graciosísima cara de velocidad y encanto de mi amigo de mediana edad jugando como un niño con una de sus mayores y más antiguas pasiones en la vida. Me va a matar cuando se entere de que lo estoy compartiendo con todos vosotros, directivos cuarentones o cincuentones como yo, pero espero que ver ese vídeo os inspire para recuperar los deportes, las aficiones y los juegos que tantas horas llenaron cuando erais más jóvenes.

Y no os creáis que este artículo es una tontería superficial de cigarra distraída y vaga a punto de pasar frío en el invierno. No seáis hormigas sosas y aburridas. Es precisamente esa actitud de auto-importancia evaluada sobre las horas de sudor y esfuerzo la que os está haciendo viejos, lentos, aburridos, feos y poco creativos. Esto es lo que nos pasa en Europa. Que nos estamos haciendo mayores cascarrabias sin ideas porque no nos atrevemos a volver a ser infantiles.

Mientras invertimos muchos recursos en intentar reproducir parques empresariales de innovación y emprendimiento para una juventud que no sabemos si nos va a hacer mucho caso, desaprovechamos nuestro propio potencial y nos auto-descartamos de un juego en el que podríamos ser mil veces mejores que cualquier pinrelito de veinte años.

El mejor modo de hacerse más atrevido, más curioso y más ingenioso es precisamente disfrutar de un deporte o un juego que te llena el corazón de cosas ricas. Tengo más grandes amigos que hacen Haikus, esos sofisticados poemas japoneses que hacían los Samuráis, o que practican la vela, o que montan a caballo o que corren maratones. Así desarrollan su inteligencia emocional con bonitas rimas o descubren mejores dinámicas de equipo que traer a la oficina. Personalmente el caballo me descubre siempre mis puntos débiles a la hora de liderar a otros en los negocios, y los apasionados del running cuentan muchas batallitas juveniles de heroísmo, triunfos y auto-superación.

Las pasiones que nuestra sociedad cuadriculada juzga como infantiles, o auto-indulgentes, o pérdidas de tiempo impermisibles, son vehículos de desarrollo en la vida que recuperan el proceso de aprendizaje más eficiente y sorprendente del mundo: el de los niños pequeños. Al igual que los bebés y los niños aprenden a manipular todo el aparato motor, a hablar y encajar socialmente en un plazo récord con jovialidad, aventura y juego, los directivos de mediana edad podemos también afinar nuestras herramientas de gestión de modo mucho más eficiente si jugamos, vivimos aventuras y reímos mucho.

Jaime no es ningún mindungui tampoco. Montó una empresa de publicidad de enorme éxito en Chile y luego desarrolló modelos de negocio de gran valor añadido en el tan mortalmente amenazado mundo de la prensa escrita. Es un hombre dinámico con gran habilidad para penetrar nuevos mercados, sembrar y desarrollar nuevos productos y negocios. Quizás las horas de disfrute sobre su nuevo patinete le darán ideas de cómo enfocar problemas repetitivos, le ayudarán a descubrir cómo se apoya demasiado en un lado de las negociaciones o detectar fallos en su velocidad de avance en patinete que también afecten a sus resultados empresariales. Jaime es uno de los más inquietos emprendedores e innovadores que conozco, y volver a su pasión adolescente le va a devolver ganas renovadas de probar cosas nuevas.

De modo que si estás leyendo esto te invito a que recuerdes qué te gustaba hacer cuando eras niño o adolescente. Qué temas de fascinaban y qué actividades de hacían soñar durante horas. Y vuelve a ellas. Pasa de las mofas de tus amigos y las críticas de tu pareja. Negóciate un rato libre para ti aunque tengas que tragarte a los niños durante cinco horas seguidas para ganarte ese espacio. Ignora todos los pensamientos de culpa, los juicios internos en tu cabeza sobre lo malo y vago que estás siendo, y regálate un buen rato de diversión adolescente.

Con que lo pruebes una vez notarás una diferencia en tu modo de andar. Te verás más atractivo, te escucharás más ingenioso en las reuniones de trabajo, y sentirás más ganas de comerte el mundo con nuevos proyectos y planes. Estarás menos cansado, más motivado y mucho menos quejica. Aunque parezca mentira, serás un líder más eficiente y más inspirador cuanto más te regales ratitos de disfrute con tus pasiones más inocentes y aniñadas. Porque el secreto mejor guardado de la juventud eterna y el espíritu emprendedor incansable está delante de ti, provocándote jocosamente y sacando la lengua traviesamente para animarte: ¡haz lo que más te gusta!

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