El liderazgo del futuro: será sostenible o no será

Puede que muchos españoles hayan descubierto el concepto de sostenibilidad durante la celebración en Madrid de la Cumbre del Clima, pero lo cierto es que hace ya varios años que esta cuestión empezó a transformar el modo en que la mayoría de empresas desarrollan su actividad.

De hecho, existe un consenso bastante generalizado entre los expertos en dirección empresarial respecto a la idea de que esta creciente preocupación por la sostenibilidad (medioambiental, social y económica) está cambiando la forma de gestionar las compañías.

Para empezar, cada vez más empresas (especialmente, las de mayor tamaño) demandan líderes que sean capaces de integrar la sostenibilidad en su estrategia corporativa. Porque ya no basta con crear un departamento de RSC desde el que impulsar alguna que otra acción puntual de tipo social o ambiental, sino que los ‘stakeholders’ de las compañías (consumidores, trabajadores, proveedores e inversores) exigen algo mucho más elevado: que las empresas tengan un impacto positivo en su entorno, es decir, que hagan el bien.

Ya no basta con crear un departamento de RSC, sino que los ‘stakeholders’ de las compañías exigen algo mucho más elevado: que las empresas hagan el bien

Hacia el ‘líder total’

Esto influye directamente en el tipo de líderes que se necesitan. El CEO adecuado para dotar a las organizaciones del sello de la sostenibilidad tiene que ser capaz de implantar estrategias de sostenibilidad de carácter integral. Es decir, debe saber sopesar múltiples factores: el respeto del medio ambiente, la protección de los empleados, el impacto social, la transparencia informativa… Tiene que ser una suerte de líder total, capaz de gestionar desde una perspectiva multidimensional que tenga en cuenta las demandas de todos los grupos de interés.

Habrá quien piense que esta obsesión por ver qué compañía es la más sostenible de todas no es más que una nueva forma de postureo, pero los datos le contradicen. Según datos de la consultora Deloitte, las compañías cotizadas que han asumido un fuerte compromiso con la sostenibilidad han mejorado sus resultados en un 11% respecto a sus competidores que han preferido mantener su actividad sin introducir cambios en esa dirección.

Un fenómeno incipiente

De hecho, este fenómeno acaba de empezar a dar sus primeros pasos. Sólo un 9% de las empresas del Ibex ha incorporado a su estrategia corporativa alguno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU. Y la cifra a nivel mundial tampoco es mucho más elevada, pues apenas asciende al 27%. Por tanto, todavía hay muchas grandes corporaciones que tienen que incluir cuestiones como la protección del medio ambiente, el fomento de la diversidad o la defensa del trabajo decente en sus estrategias.

Precisamente por este motivo empiezan a ser muy demandados los líderes que tengan la capacidad y la formación suficientes como para desenvolverse bien en este contexto. Y actualmente estos perfiles no abundan, porque la formación que siguen ofreciendo las escuelas de negocios todavía trata el tema de la sostenibilidad de una forma aislada, siendo aún residuales los programas que abordan esta cuestión con un enfoque integral.

Sólo un 9% de las empresas del Ibex ha incorporado a su estrategia corporativa alguno de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU

Presión del entorno

No obstante, el fenómeno es imparable porque también lo son las exigencias de la sociedad. De hecho, un estudio de KPMG demuestra que en 2019 ha crecido la demanda de transparencia a los consejos de administración y otro informe, en este caso de la OCU, destaca que el 73% de los españolas ya tiene en cuenta la sostenibilidad a la hora de tomar sus decisiones de consumo. Normativas como la Ley de Información no Financiera y Diversidad también reman en esta dirección, así como las exigencias de los trabajadores más jóvenes, que cada vez son más reacios a trabajar en compañías que no sitúen a la sostenibilidad en su ADN.

Pero en una sociedad capitalista el que manda es el capital. Y él también está demandando sostenibilidad. Tanto, que la denominada Inversión Socialmente Responsable (ISR) gestiona ya un patrimonio de 210.600 millones de euros en España, tras registrar un importante crecimiento continuado durante los últimos años. Eso quiere decir que quienes tienen dinero para financiar empresas y proyectos otorgan importancia al carácter social o ambiental de las iniciativas, apoyando a las que cumplen sus exigencias y castigando a las que no lo hacen.

La denominada Inversión Socialmente Responsable (ISR) gestiona ya un patrimonio de 210.600 millones de euros en España

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