El líder perfecto tiene características de mujer

 “Un hombre debe sentirse preparado al 60% para presentarse a un puesto de directivo. Una mujer, sin embargo, se tendrá que sentir capacitada al 100%”, según afirmó Helena Valderas, Engagement & Diversity Manager de Ferrovial, en la primera conferencia del Seminario de Liderazgo Transformador celebrado en Madrid coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer.

Varios datos como estos, resultaron en la presentación de cuatro barreras que impiden a las mujeres desarrollar sus capacidades como líderes:

– Por una parte está la legislación. A pesar de ser una clara palanca que ha ido labrando poco a poco un camino que antes parecía inimaginable, los datos revelan todavía una brecha salarial de un 24% entre hombres y mujeres, según el informe “Trabajar igual, cobrar igual” de la UGT.

– La segunda barrera es la social o cultural. Muchos roles nos son impuestos desde pequeños. Los niños que juegan con camiones estudiarán ingeniería, y las niñas que cuidan a sus muñecos harán lo propio con los hijos, mayores o personas dependientes cuando crezcan.

– Las empresas deben potenciar ahora el valor que aportan las mujeres en la toma de decisiones. Sus capacidades de liderazgo distan mucho de las de los hombres y, quizás esa sea la razón por la que deberían suscitar interés.

– La última barrera la conforman la seguridad y la confianza. “Debemos  saber posicionarnos en situaciones en las que ni siquiera se nos espera”, afirmaba Valderas.

[pullquote]“Debemos  saber posicionarnos en situaciones en las que ni siquiera se nos espera”[/pullquote]

“He conocido a muchas mujeres que están esperando a que se les pregunte” dijo Almudena Rodriguez Tarodo, decana en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación en la Universidad Europea de Madrid. En el mundo laboral, y más si hablamos de altos directivos, hay que hacerse notar, demostrar el valor añadido que se le aporta a la empresa. Para una mujer, aun es más difícil.

Estas inseguridades no tienen un origen objetivable, pero es innegable que la política y la educación asientan las bases de una sociedad que nos condiciona. Hasta 1981 una mujer tenía que pedir permiso a su padre o marido para abrir una cuenta corriente. Nuestras desigualdades biológicas, reacciones físicas a ciertas situaciones etc, son reales, nos diferencian, pero es la historia la que nos ha frenado, siendo un gran factor a la hora de que la mujer se sienta en segundo plano.

Se plantearon en el seminario las diferencias entre liderazgo y autoridad. La primera viene dada, la segunda se aprende, se construye. Se debe llegar al liderazgo a través de la autoridad.

Mª Jesús Catalá, directora territorial de Castilla La Mancha y Extremadura, contaba la siguiente anécdota: “Empecé muy joven como directora de una oficina de un banco. Cuando demuestras que estás a la altura se crea una relación de confianza incluso mayor. Somos nosotras mismas las que muchas veces alzamos nuestros propios muros, renunciando por problemas de confianza, a grandes oportunidades.”

Una mujer ha de ser consciente de que posee cualidades que las empresas demandan. Competencias emocionales, cooperación, intercambio, comunicación, multitarea, multifoco… Todas estas aptitudes han de ser las herramientas que, combinadas con las de los hombres, creen el equilibrio perfecto.

En las conferencias se habló también de la preparación. Muchas de las mujeres del público que intervinieron en la mesa redonda, se quejaban de que, nadie les había enseñado a gestionar su capacidad de liderazgo, ni a saber cómo enfrentarse a los errores.

Independientemente del sexo, Alicia Montalvo, directora general de Cooperación Institucional y Coordinación de ICEX, afirmó que hay gente que trabaja y gente que no. La clave es hacerse valer, crear un equipo competitivo y comprometido gracias al reconocimiento.

No es solo en el ámbito laboral en el que deben producirse cambios. De hecho, el gran mérito de la mujer actual es que es capaz de lidiar con grandes responsabilidades tanto dentro como fuera de casa.

Ese equilibrio perfecto, la cooperación, la corresponsabilidad… Todas estas metas se alcanzarán cuando los hombres estén dispuestos a aceptar un rol en el hogar que ha estado relacionado con la mujer. ¿Objetivo? La consolidación de nuevas alternativas.

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