El falso CEO: no es liderazgo todo lo que reluce

Durante los últimos años nos hemos acostumbrado a ver un sinfín de CEO en las redes sociales orientadas al ámbito profesional, tipo LinkedIn. En este tipo de plataformas, muchos profesionales liberales suelen autodefinirse como CEO, habitualmente, de incipientes proyectos empresariales que en la mayoría de los casos ni siquiera alcanzan la categoría de startups. Son los falsos CEO.

Ylo son porque no basta con autocalificarse como CEO para realmente serlo. Al menos, si entendemos que un CEO es un líder transformador capaz de crear riqueza y de generar valor para quienes trabajan con él. Por el contrario, el falso CEO suele estar más preocupado por su propia imagen que por la buena marcha de su compañía y obsesionado por acaparar protagonismo más que por garantizar el desarrollo de quienes forman parte de su equipo.

Un CEO es un líder transformador capaz de crear riqueza y de generar valor para quienes trabajan con él.

¿Qué tipo de CEO quieren las empresas?

Parece que ese falso CEO no es el tipo de líder que actualmente buscan las compañías. Al menos, así se desprende del CEO Genome Project, que identifica las cualidades que suelen atesorar los dirigentes empresariales más exitosos y, por esta razón, las más demandadas por las organizaciones empresariales que acuden al mercado laboral con el objetivo de encontrar un líder.

En concreto, lo que buscan son personas resolutivas, capaces de tomar decisiones rápidas, de influir en sus grupos de interés y de involucrar a sus equipos en la orientación a resultados. Estos CEO tan codiciados también son proactivos para adaptarse a los cambios, suelen pensar más en el largo plazo que en el corto, saben identificar las señales exteriores que pueden influir sobre la evolución de sus negocios y no perciben los errores como fracasos.

El citado análisis también destaca otra característica que la mayoría de organizaciones busca en sus máximos ejecutivos y de la que suelen carecer los falsos CEO: la capacidad de ofrecer unos resultados predecibles. Esto implica tener la capacidad fijar unas metas realistas, algo que los falsos CEO no acostumbran a hacer, así como saber organizar y planificar el trabajo y, por encima de todo, tener la capacidad de crear equipos fuertes.

Son proactivos para adaptarse a los cambios, suelen pensar en el largo plazo, saben identificar las señales exteriores que pueden influir sobre la evolución de sus negocios y no perciben los errores como fracasos

Cualidades que no tiene el falso CEO

Hay mucha gente que ha emprendido y ha fracasado, y ha vuelto a emprender y ha vuelto a fracasar. Y es que el éxito no se consigue únicamente teniendo buenas ideas y contratando a otras personas para que las desarrollen. Hace falta mucho más que eso para ser un verdadero CEO y, en definitiva, para ejercer un liderazgo empresarial realmente transformador.

Por ejemplo, el falso CEO no suele preocuparse de dotar a su proyecto de unos valores y una cultura corporativa, algo fundamental porque constituye el ADN de cualquier compañía. Tampoco buscará un propósito para su empresa, es decir, una razón de ser; ni tendrá una visión y una misión para ella, esto es, una idea clara de cómo llegar a esos objetivos y una imagen mental de cómo será su compañía una vez alcanzadas dichas metas.

El poder está en el grupo

El falso CEO está más preocupado por el presente que por el futuro, exactamente lo contrario de lo que debe hacer un buen líder, que no es otra cosa que fijar la estrategia de la compañía para conseguir sus objetivos e incluso cambiar de rumbo para llegar a ese destino siempre que las circunstancias así lo exijan. Por no hablar de que el falso CEO toma esas decisiones de manera individual y el auténtico CEO implica en su diseño a los miembros de su equipo.

Y es que los falsos CEO piensan que sus empleados sólo están ahí para admirarles y obedecerles. Por su parte, el auténtico líder está obsesionado en buscar talento y en desarrollarlo, pues es consciente de que sólo el crecimiento del equipo le llevará hacia el éxito. Por eso no duda en ofrecer formación e incentivos a sus colaboradores y, también por eso, acostumbra a rodearse de gente con ideas frescas y opiniones diferentes o incluso antagónicas a las suyas, que no tengan reparos en cuestionar sus planteamientos para mejorarlos.

El auténtico líder está obsesionado en buscar talento y en desarrollarlo, pues es consciente de que sólo el crecimiento del equipo le llevará hacia el éxito

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