David Jiménez: «El periodismo solo puede ser libre cuando tus jefes son tus lectores»

David Jiménez, exdirector de El Mundo, ha protagonizado el Desayuno Canal CEO en la Universidad Europea de Madrid. El encuentro, desarrollado gracias al apoyo de TottoUnitedNacexAtento –y la colaboración de Kompass Spain e Inred– ha reunido a 22 profesionales del sector.

Este desayuno ha tenido como objetivo principal reflexionar sobre cómo los medios tradicionales deben acordar una nueva relación con el mundo empresarial basada en la transparencia y el respeto de la independencia mutua. El autor de El Director (Libros del KO, 2019) considera que «el periodismo solo puede ser libre cuando tus jefes son tus lectores».

«A los vigilantes nadie los vigilaba»

La publicación de El Director ha sido, según el autor, «una pequeña bomba, no tanto para la empresa y la política, sino para la prensa. Los periodistas estamos muy acostumbrados a criticar a todo el mundo, a juzgar y, a veces, incluso, a condenar. Y en cambio, durante décadas, hemos permanecido en silencio sobre las cosas que iban mal en nuestro oficio. A los vigilantes nadie los vigilaba. El periodismo ha vivido en un armario y, cuando cierras un armario, todo se va pudriendo».

David –que fue nombrado director de El Mundo en abril del 2015, en sustitución de Casimiro García Abadillo– manifiesta que el principal mérito fue el haberse mantenido íntegro durante ese año al frente y haber mantenido la integridad del periódico a pesar de las muchísimas presiones que se vivieron durante ese periodo: «Si hubiera renunciado a ser periodista, aparcado ese corresponsal que creía en el poder transformador del periodismo para convertirme en otra cosa, entonces habrían ganado aquellos que quieren manipular la verdad y que quieren poner a diarios como El Mundo a su servicio», añade.

«Era más fácil ser periodista en Afganistán que en el despacho de director»

El excorresponsal de Asia confiesa que el lugar más peligroso en el que ha estado es la dirección del periódico El Mundo: «La guerra tiene una ventaja: sabes de dónde vienen las balas. Cuando estás en una posición de poder y hay mucha gente interesada en condicionar tus acciones, no sabes de dónde te vienen las puñaladas».

En este sentido, David asegura que llegó con la idea de mantener el periodismo sin condicionantes, ni siquiera económicos: «Pero el poder había olido nuestra debilidad y lo estaban aprovechando apretándonos las cuentas. Al final te están diciendo “si vas adelante con estas historias, vamos  a retirar la publicidad y esos acuerdos que tenemos con tu empresa se van a ver afectados”».

El exdirector de El Mundo comparte una de las situaciones en la que se refleja las encrucijadas morales a las que tuvo que enfrentar: «Cuando se me dice mirando a la redacción: “Piensa en ellos, hay decisiones que cuestan puestos de trabajo”. Es decir, un chantaje moral después de haber visto que yo no cedía a las presiones. Si vas con esa idea puritana idealista del periodismo, puede tener consecuencias. Es decir, si haces tu trabajo, vas a perjudicar a tus propios compañeros».

«Fue una imprudencia elegirme»

David reconoce que no era la persona más idónea para el cargo: «Fue una imprudencia elegir a un reportero sin experiencia en la gestión para dirigir un periódico en una situación gravísima y gestionar a 300 periodistas cabreados (había habido recortes de salarios, despidos…). No es solo que yo no conociera a ministros y empresarios, pero es que tampoco tenía un vínculo con muchas personas de la redacción y podía tomar decisiones internas basadas solo en criterios profesionales. Y ahí estaba la ventaja y yo creo que la empresa no la supo aprovechar».

«Pensaron que sin esa red de protección yo iba a ser manejable y que los privilegios de un cargo como el director de El Mundo me iban a atrapar y que, llegada esa encrucijada moral de entre elegir mantener el cargo y condicionar la integridad del periódico, escogería mantener un cargo muy apetecible. Yo creo que se equivocaron porque cuando has sido 20 años reportero, esas ambiciones del cargo no te atraen excesivamente. Quizás te atrae más la libertad, el poder ser tú mismo», añade el periodista, que fue destituido un año después de asumir la dirección del periódico, en mayo de 2016.

«Yo no tenía ningún problema en dejar de ser el director de El Mundo, entre otras cosas, porque jamás había ambicionado ese puesto».

Un máster en conspiración

El autor de El Director reconoce el día que entró a la dirección de El Mundo no estaba preparado pero que está convencido de que el día que salió por la puerta ya estaba muy preparado para ese puesto: «Viví un máster en conspiración, intriga, poder y demás, que me puso a punto. A partir de ese momento, sí que se podría haber dicho que estaba preparado».

«Acepté ese puesto con la idea de que me iban a dar tiempo, medios y apoyo para hacer los cambios que yo creía que se tenían que hacer. Y no recibí ninguna de esas tres cosas. Aparte de eso, venía con una ventaja muy importante: llegaba sin deberle un favor a nadie y sin que nadie me lo debiera a mí. Eso me daba una libertad para actuar tanto internamente como externamente que alguien que hubiera salido desde dentro de la redacción después de 25 años de rivalidades para llegar a director no habría tenido», declara Jiménez.

La gestión de personas

David asume que cometió muchos errores pero que, tras 366 portadas gestionando una plantilla de 300 personas, adquirió varios aprendizajes: «Lo primero que aprendí es que no quiero volver a gestionar personas, sobre todo si son periodistas. El ego de un solo periodista no cabe en esta habitación. Era muy difícil gestionar la redacción y, además, había una cultura empresarial muy marcada en la empresa porque el periódico había sido dirigido por Pedro J. durante 25 años. Y Pedro J. había dirigido el periódico como lo habría hecho Kim Jong-un en Corea del Norte. Había verdadero terror a Pedro J. y las broncas eran legendarias. Dicho esto, Pedro J. es muy brillante en muchísimas cosas».

El periodista cuenta cómo antes de ocupar el puesto, uno de sus padrinos iniciales le dijo: «“Tú tienes que gritar mucho a la gente. Y aunque no haya ninguna razón, les insultas, les gritas. Como ha hecho Pedro J. Como no hagas eso, no te van a tener respeto”. Pero yo no soy así y me parecía que necesitaba de una capacidad de teatro el comportarme como Pedro J. que pensé: mejor sé como eres tú y di las cosas de otra manera».

«Y, entonces, me di cuenta con el tiempo que el decirle las cosas amablemente a la gente suponía que ellos pensaban que eran voluntarias».

El periodismo de trabuco

Una de las frases demoledora que se puede leer en el libro de El Director es «el poder económico protegía al poder político. El poder político protegía al poder económico. La prensa protegía al poder económico»: Existe una cosa que se llama el periodismo de trabuco, así se conoce dentro de las redacciones, que consiste en amenazar a las empresas con su reputación, con publicar informaciones que comprometen a directivos (incluso cuando sean falsas) si no reciben una cantidad de publicidad a cambio. Con la crisis se ha extendido. Es la prueba de que el periodismo en un momento toca fondo cuando rompes todos los principios del periodismo y ya directamente te pasas al chantaje».

Los Acuerdos

David asegura que el periodismo de trabuco es una degeneración de Los Acuerdos: «Los Acuerdos son pactos de la prensa con las grandes empresas por las cuales durante años nos han entregado mucho más dinero de lo que nos correspondía en audiencia a cambio de una cobertura amable. Los Acuerdos no los negocia el director de El Mundo, son los directores de las empresas quienes los negocian».

«Esas ataduras terminan comprometiendo al periodismo que hacemos en los periódicos, pero es que terminan también perjudicando a las empresas».

Pero Jiménez considera que Los Acuerdos y este sistema tiene fecha de caducidad: «A mí me gustaría que el periodismo de trabuco también tuviese los días contados. Me parece increíble que haya periodistas de este país chantajeando a empresarios de esa manera. Creo que era necesario publicar el libro, romper esa ley del silencio y la mayoría de los compañeros (al menos en privado) me han dicho: «Ya era hora que alguien contara todas estas cosas«. Me gustaría que después de mi libro, vinieran otros compañeros a contar más cosas que están pasando y que van mal. Al final lo que hemos conseguido es perder la confianza de la gente. Algo habremos hecho. Una de las cosas que han contribuido a que eso sea así es la falta de autocrítica y esta predisposición a poner a caldo a todo el mundo, a la vez que nos protegíamos a nosotros mismos. A los periodistas nos encanta contar una buena historia, pero no la nuestra».

«La prensa tradicional en España no habría sobrevivido a la crisis sin los favores que nos hizo tanto las Administraciones Públicas como las grandes empresas. No existirían ni el ABC, ni El Mundo, ni el País».

El tapón generacional

El excorresponsal considera que uno de los problemas de esa renovación que necesitamos en el periodismo que no se está produciendo es «ese tapón generacional, esa precariedad absoluta en la que trabajan los jóvenes. Desespera mucho a la gente joven que está en el periodismo ver que no hay vías de promocionarse, de crecer, como las que yo tuve. Es una pena porque necesitamos dejar paso a esta gente que viene con ganas. No es que los veteranos no tengamos remedio, pero tenemos unos vicios instaurados que va a ser muy difícil romper».

Aún así, el periodista considera que hay esperanza en el mundo de la dirección empresarial: «Hay una nueva generación de directivos, incluso en las empresas del Ibex. Se ha visto una mejora muy importante. Sigo en contacto con las redacciones y esas presiones han desaparecido. Hay un nuevo directivo que entiende que los medios ya no son lo relevantes que eran, que ya no tiene mucho sentido pagar esas fortunas a cambio de que te trate bien un periódico que no tiene la influencia que solía. La reputación de una empresa ya no depende de esos 3 ó 4 medios. Queda todavía un poco de gente viejuna, con ideas un poco rancias, pero creo que se está renovando. Y si renovamos esa parte –la política y el periodismo– creo que podríamos acercarnos a un nivel de libertad de prensa y de relación saludable entre los medios y los poderes económico y político como el que tienen países como Francia, Alemania, Reino Unido o Estados Unidos.

«He llegado a la conclusión de que el periodismo solo puede ser libre cuando tus jefes son tus lectores, tus oyentes, tus espectadores. Cuando dependes de ellos y no de la publicidad de las empresas o de los favores de un gobierno que te da una licencia de radio o de una televisión digital».

Si te perdiste el Desayuno Canal CEO anterior, tienes la oportunidad de conocer las claves para redefinir la estrategia de Recursos Humanos desde los puestos de Alta Dirección con Christopher Dottie, Director General de Hays y Presidente de la Cámara de Comercio Británica en España, aquí.

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