Cuando el cerebro dice “ya no puedo más”

Laura Martín

El señor ‘X’, directivo de una importante empresa multinacional se pasa el día planificando varios proyectos que debe entregar en un par de semanas, a la vez ha escrito un libro y se encuentra en mitad de la campaña de presentación. Debe revisar el correo, contestar a un par de llamadas importantes y aún así, tiene que dejar unos cuantos recados a su secretaria porque no da a basto con todas las tareas. Las reuniones diarias no le dejan tiempo ni para comer, la mayoría de su equipo abandona la oficina a las seis pero el señor ‘X’ se queda hasta las nueve para terminar lo que le falta. De repente un día, el estrés empieza a causar estragos en su cuerpo. Siente un dolor punzante en la cabeza, tiene vómitos, nota el brazo acorchado y se le duerme una parte de la cara. Abre los ojos y se encuentra en urgencias, acaba de sufrir un ictus cerebral.

El 40% de la población está expuesta a tener un ictus a lo lago de su vida. Esta cifra se incrementa considerablemente cuando la persona está sometida a elevados grados de estrés. El año pasado, fue la primera causa de muerte entre las mujeres en España, por delante de otras enfermedades como el cáncer, el alzheimer y los infartos. Y en los hombres fue la segunda causa de mortalidad.

Un ictus es lo que conocemos como accidente cerebro vascular con el que se interrumpe el flujo de oxígeno al cerebro. Puede ser porque haya un coágulo u otra sustancia que impida el paso de la sangre al cerebro o porque una arteria se rompa y la sangre se derrame. Es decir, por un infarto cerebral o un derrame.

“Cuando a un directivo le ocurre algo así es un golpe muy fuerte porque son personas que están acostumbradas a tener un ritmo de vida muy rápido, a llevar a cabo los objetivos que se plantean y un infarto les hace retroceder al punto más básico”, expresa el neuropsicólogo del Centro de Referencia Estatal de Atención al Daño Cerebral (Ceadac), Álvaro Bilbao.

Tras salir de un periodo de coma, el señor ‘X’ tiene que volver a aprender a controlar capacidades básicas como hablar, caminar, comer o hacer sus necesidades por sí mismo. “De nada le sirve ahora su secretaria, su chófer o su coche de empresa”, afirma el doctor. Después de esta enfermedad, la mayoría piensa en volver a trabajar lo antes posible, pero “no se dan cuenta de que para ejercer un puesto ejecutivo hacen falta muchas funciones intelectuales y que el cerebro tiene que estar al 110%”, añade.

Aproximadamente, sólo un 10% de los pacientes que sufren un ictus vuelven a trabajar. El CEO “es un paciente que quiere recuperarse ya, le cuesta esperar para ver los logros porque están muy acostumbrados a ello, y en ese sentido no podemos hacer que el cerebro vaya más deprisa”, resalta. Durante meses deben acudir a un centro de rehabilitación dónde comparten su vida con todo tipo de personas. “El inmigrante que limpiaba la oficina aquí puede ser su compañero, y eso es algo muy bonito. Les une la experiencia de superación”, explica el neuropsicólogo.

Las personas que vuelven a su antigua empresa pueden tener una incapacidad o tienen que ser readaptados a su puesto de trabajo. Pero antes, deben seguir un reajuste psicológico para prepararse para su reincorporación. Álvaro Bilbao cuenta que para ellos, “ver a alguien que antiguamente estaba por debajo de él y que hacía funciones que antes hacía con facilidad y que ahora es su jefe, no lo suelen ver de forma positiva”. Algunos pacientes no son capaces de aguantar una jornada laboral de ocho horas, con un nivel de presión importante y deciden reducirse la jornada. “Cuando volvemos de unas vacaciones ya es duro volver a reincorporarse, pero imagínate que esas vacaciones duran un año y no vuelves con tu cerebro al 100%”, argumenta Bilbao.

Por otro lado, la familia también es un factor importantísimo en el proceso de recuperación y sirven de gran apoyo. Pero también, puede suponer un arma de doble filo debido a la presión y responsabilidad que sienten algunos pacientes de mantener a su familia y su nivel económico. El neuropsicólogo trabaja en ocasiones con la familia para que hagan los ajustes necesarios para ayudarles y declara que muchas veces “deben de renunciar a cosas por las que han luchado toda su vida pero ya no pueden ser, como por ejemplo llevar a sus hijos a una universidad americana”.

Para el señor ‘X’, la vida ha dado un vuelco de 360º. Lo que era prioritario como la carrera profesional, su nivel socioeconómico ha pasado a un según nivel y, como otros pacientes ahora prefiere disfrutar de las relaciones con sus amigos, su familia, sus hijos, y disfrutar del tiempo libre o hacer otras cosas como voluntariado. Nadie está a salvo de esta enfermedad pero si es cierto, que se puede reducir la posibilidad de que ocurra si siguen estos factores de prevención:

Hacer deporte. Ayuda mucho a la vascularización del cerebro y a tener un corazón fuerte.

Tener una alimentación neurosaludable. Reducir el consumo de grasas saturadas, carnes rojas, mejorar el aporte de grasas saludables, frutos secos, aceite de oliva y pescado. Reducir el consumo de azúcar y mantener el peso a raya, en definitiva, seguir una dieta equilibrada.

Reducir el estrés. Delegar en otros algunos trabajos , imponerse como máximo una tarea extra a la semana, respetar los tiempos de descanso y el horario de entrada y salida al trabajo, etc.

Dormir bien. Las personas que duermen 7 horas o más, al día siguiente tiene una probabilidad de tener un buen día de un 75%. Las personas que duermen 6 horas o menos, tienen solo un 35%.

Tener tiempo de ocio. La socialización con amigos, con compañeros de trabajo pero sin hablar de trabajo o con la familia y los hijos es muy importante para desconectar.

Cultivar emociones positivas. Mantener un estado de ánimo tranquilo y sereno pueden ayudar a reducir el riesgo de ictus ya que permite reducir la tensión arterial.

Estimulación cognitiva. Mejorar la memoria aprendiendo nuevos idiomas, escribir tus pensamientos, etc. pueden hacer que su cerebro sea más resistente a esta enfermedad.

En definitiva, un estilo de vida saludable, significa desconexión y buenos hábitos. El cerebro humano se está llevando a los límites de lo que puede hacer y por ello, para Álvaro Bilbao es imprescindible tener un control del estrés.

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