52 propuestas para mejorar tu talento

Diego Posada

¿Cómo consigue un club de tenis ruso con una sola pista y un presupuesto ridículo formar a algunas de las mejores jugadoras del mundo? ¿Qué técnica utiliza una humilde escuela de música situada en Dallas para producir grandes estrellas del pop? Muchos expertos y científicos han acreditado que desarrollar nuestras habilidades reside en la práctica. Detrás del entrenamiento se esconde el desarrollo de la capacidad q para que la información viaje por nuestro cerebro. Eso depende de la mielina, una sustancia que va dejando su rastro en las conexiones neuronales y hace que los datos viajen mucho más rápido.

De ahí que Daniel Coyle resuma en su nueva obra «El pequeño libro del talento» varias propuestas que hacen ver que lo innato de nuestras habilidades no es tan importante como la práctica que le demos. A continuación reproducimos algunas de esas lecciones:

1 – El primer deber ante cualquier actividad a emprender es ponerse en marcha. Para desencadenar la motivación que acompaña el desarrollo de una talento es necesario mantener una serie de encuentros breves y potentes  con la actividad. Es lo que Coyle denomina ignición, ese pensamiento que determina que somos capaces de llevar a cabo algo.

2 – El segundo paso es observar a alguien que hace lo que nosotros queremos realizar. Los expertos lo llaman el fenómeno del parabrisas, se trata de tratar de vivir la experiencia por la que pasa el otro. Una observación concentrada potenciará tu motivación inconsciente. Ese efecto parabrisas es el paso previo a grabarnos la habilidad en nuestro cerebro. Despertada la motivación, ahora debemos seguir observando tan concentrados como si lo hiciéramos nosotros mismos. Al observar trata de robar. Mira  qué hacen mejor otros y trata de asumirlo como propio.

3- Coyle apuesta por la compra de un cuaderno. Evidentemente, eso no mejora nuestra habilidad, pero un uso conveniente del mismo sí puede hacerlo. Apuntar los progresos de nuestra práctica diaria hará que seamos más constantes y podamos detectar mejor nuestras fortalezas.

4- La práctica diaria es obligatoria y si la realizamos en un entorno no demasiado lujoso, será mejor. Para Coyle el lujo actúa como un narcótico de la motivación.

5- Durante esas prácticas en un lugar no demasiado cómodo prescinde del reloj. No se trata de realizar cuarenta minutos, sino repeticiones hasta observar progreso. La constancia no tiene porque ir ligada a la impaciencia.

6- Como decíamos la mielina es una sustancia que mejora nuestras conexiones cerebrales haciendo que la información viaje más rápido. Para fomentar su expansión por nuestro cerebro es mejor practicar 5 minutos cada día que una hora a la semana. El crecimiento de nuestro cerebro se produce cada día. Además así lo convertiremos en hábito. A los 30 días de práctica lo consideraremos algo típico en nuestro día a día.

7- Coyle también propone actividades que cambien nuestra perspectiva de la actividad. Por ejemplo, practicar con los ojos cerrados, hacerlo en espacios más reducidos o en diferentes tiempos, mucho más despacio y mucho más deprisa. Todo eso ayudará a interiorizarlo por diferentes partes.

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