¡Bienvenida humildad!

Laura Martín | 26 de junio de 2015

er CEO no implica saberlo todo, ni ser el que tiene las mejores ideas o todas las respuestas. Kevin Chou, cofundador de Kabam, una empresa de juegos interactivos se dio cuenta de este hecho cuando veía como sus compañeros y su equipo desarrollaban juegos que tenían un gran éxito en el mercado. Entonces, se comenzó a preguntar a sí mismo quién era él para juzgar la producción creativa de los demás, “yo era parte de la ovación de personas que animaba su proyecto”, declaraba Chou en la revista Fortune. Esto significaba, que “debía de revisar mi ego y centrarme en servir a mi equipo ofreciéndoles mi mayor capacidad”, añadía.

Así fue, como Kevin estableció un entorno de trabajo colaborativo en el que se fomentaba el debate saludable. Sus compañeros empezaron a rebatir sus ideas y a mostrar una actitud desafiante con la que se consiguió mejorar la productividad de la compañía. “Trabajar con compañeros sobresalientes es humillante. Pero, cuando combinamos nuestros talentos es de lo más emocionante”, afirmaba el CEO de Kabam.

Por tanto, lo mejor para el CEO y para la evolución de su empresa es dejar a un lado los egos, enfocarse en construir un gran equipo y tener una mente abierta para considerar o aceptar otras opiniones relativas a una decisión. La humildad en una organización es fundamental, en la medida en la que cultivamos esta virtud se aprende de los errores cometidos, se tiende a escuchar y a no imponer por norma nuestro criterio.

Como dice Clay Newman en su libro “El prozac de Seneca”: “La humildad nos permite silenciar nuestras virtudes, permitiendo que los demás descubran las suyas”. La modestia no se predica, se practica, y es esa grandeza la que permite que florezcan las virtudes de los demás y que el equipo no tenga miedo a expresar sus opiniones. Esto fortalece los lazos de las personas con la empresa y fomenta una mayor implicación en los proyectos de la misma.

Esta honestidad, explorada en primer lugar en nosotros mismos puede ser complicada al principio, pero después se convertirá en una actitud y un hábito muy liberador. Esta claro, que en muchas ocasiones la posición del CEO en la compañía hace difícil, que se ponga de manifiesto esta virtud. Pero tal y como hizo Kevin Chou, que tuvo que asumir su propia condición de CEO en una empresa en la que algunos de sus compañeros eran más sabios y creativos que él, los líderes deben afrontar con optimismo esta situación. Chou aprendió a lidiar y a sacar provecho de ello teniendo presente que su actitud frente a esta situación sería la que conseguiría que su empresa diese un salto en cuanto a su evolución y productividad.

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